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Argentina no subió de categoría: un revés esperado, pero no necesariamente negativo

Argentina no subió de categoría en la última revisión de MSCI, pero eso no significa que esté fuera del juego. Una lectura menos fatalista y más realista: el mercado no castiga gobiernos, castiga inconsistencias. A través de la metáfora de una carrera donde el país aún avanza con muletas, se plantea que las reformas recientes —como el nuevo régimen de bandas cambiarias— son pasos firmes, aunque todavía insuficientes. La confianza internacional se gana con tiempo, no con titulares.

Matías Rivero
Matías Rivero
25 de jun de 2025
Argentina no subió de categoría: un revés esperado, pero no necesariamente negativo

La decisión de Morgan Stanley Capital International (MSCI) de mantener a Argentina fuera del índice de “mercados de frontera” no fue sorpresiva. Pero tampoco es, como algunos creen, una señal de condena definitiva. En realidad, es un espejo incómodo que refleja algo más profundo que los vaivenes económicos: el comportamiento institucional y la coherencia (o su falta) a lo largo del tiempo.

Desde hace más de 25 años, Argentina transita entre promesas de estabilidad y volantazos disruptivos. El mercado, como la vida, no premia discursos; premia consistencia. La confianza se construye de a gramos y se pierde por toneladas. Y eso, justamente, es lo que nos ha faltado: persistencia en el rumbo.

Ahora bien, esta decisión de MSCI no debe leerse como un juicio negativo sobre el actual gobierno. A diferencia de la gestión anterior, se han logrado avances significativos: se pasó de un cepo rígido y un tipo de cambio artificial, a un sistema de bandas cambiarias que, si bien aún limitado, representa una mejora sustancial en términos de previsibilidad y normalización. Como metáfora, podríamos decir que salimos de una silla de ruedas y hoy caminamos con muletas. Es un paso enorme, pero todavía no estamos listos para correr.

Algunos críticos señalan que este régimen de bandas no es más que un nuevo cepo encubierto. Lo paradójico es que muchos de quienes sostienen este argumento formaron parte del oficialismo que implementó el cepo original. También están quienes reclaman una liberalización total e inmediata del mercado cambiario, sin considerar el riesgo sistémico que implicaría hacerlo sin las condiciones adecuadas. Exigir decisiones drásticas desde la comodidad de la opinión es fácil cuando no se cargan las consecuencias de su impacto.

Ahí es donde conviene hacernos una pregunta incómoda: ¿qué nos lleva a pensar que siempre sabemos más que quien sí está en la silla de mando, viendo de cerca los factores y actores que intervienen? La toma de decisiones en contextos complejos no se hace desde el deseo, sino desde el diagnóstico y la responsabilidad.

MSCI lo dejó claro en su comunicado de junio de 2025, al afirmar:

“En abril de 2025, el Banco Central anunció el levantamiento de varias restricciones, permitiendo a los inversores internacionales repatriar dividendos obtenidos desde el 1 de enero de 2025. Sin embargo, aún permanecen vigentes varias restricciones para los inversores institucionales extranjeros.”
Además, agregó que “el crawling peg fue reemplazado por una flotación administrada y se relajaron algunas restricciones en el mercado cambiario. MSCI continuará monitoreando estos desarrollos.”

Hoy, sin embargo, algo parece estar cambiando. No en los rankings, sino en la actitud. Hay una dirección más clara, con señales de apertura, prudencia fiscal, búsqueda de reglas claras y respeto por los contratos. Aún insuficiente para una reclasificación, pero suficiente para captar la atención de actores que miran más allá del corto plazo.

De hecho, muchos fondos de pensión y grandes institucionales han comenzado a interesarse nuevamente por empresas argentinas, no por la calificación del país, sino por su capacidad de operar bien a pesar del entorno. Las compañías que cotizan en bolsa han demostrado, en buena medida, que se puede hacer negocios con profesionalismo, transparencia y resultados, incluso cuando el contexto juega en contra.

La mejora no vendrá de un día para el otro ni por una decisión externa. Será el resultado de una acumulación paciente de buenas prácticas, políticas consistentes y señales claras de que el país no va a repetir los errores del pasado. La confianza no se decreta, se gana.

Argentina no subió de categoría. Pero está dando pasos que, si se mantienen, harán que esa promoción sea solo cuestión de tiempo. Más importante aún: hará que valga la pena.

 

Matías Rivero
Sobre el autor
Matías Dalmiro Rivero

Economista y divulgador. Comparte análisis económico, finanzas y recursos para entender el mundo de manera simple.

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